Visor de contenido web Visor de contenido web

Historia

      Ésta es una historia que comienza hace muchos centenares de años, cuando los primeros coyanes (como se conoce a las gentes de Sobrescobio) poblaron estas tierras. Huellas en la roca de su presencia en el Neolítico son los túmulos de Pumarín, Unqueru, Campu La Braña y Monte Caón. Fue sin duda la riqueza forestal y piscícola de los montes y ríos de Sobrescobio la que atrajo, tiempo después, a antiguos astures a establecerse en este territorio, con seguridad en los castros prerromanos de la Corona de Castro, sobre un amplio cerro conocido como "El Cueto" en Agues y en la Corona, en un promontorio aislado cerca de Campiellos, como así atestiguan aún hoy sus restos. Del paso de los invasores romanos nos quedan vestigios de la vía empedrada que, siguiendo el curso del río Nalón, atraviesa el concejo de este a oeste, desde las inmediaciones de Rioseco salvando las hoces verticales del río Nalón hasta llegar a Anzó en el Lugar de Los Infiernos. A este tramo, hoy una afamada ruta senderista conocida como Senda de la Calzada Romana, se le conoce aquí como el "Camín de Acéu" y conectaba con el "Camín Real" llamado del Sellón, calzada que con origen en Villaviciosa servía como antigua vía de comunicación entre Asturias y la Meseta. De origen romano, al parecer construido por las tropas de Augusto, es el Castillo de los Aceales o Torrexón de Villamoréi, baluarte defensivo cuyos restos aún observan vigilantes la entrada al concejo, reflejando su nostalgia de otros tiempos en las aguas del embalse de Rioseco.

 

      La llegada de los visigodos al mando de Sisebuto a través de la calzada supuso ya el primer intento de ordenación del uso colectivo de los montes. De su caída ante la espada árabe o sarracena rememoran las zonas conocidas como ¿Villa de Moros¿, del que parece derivar el topónimo Villamoréi, a orillas del río Alba. Pero no será hasta la época alto-medieval cuando se tenga constancia fehaciente de la existencia de Sobrescobio con denominación propia e inicios de población estable, como muestran algunos documentos, tales como la donación que en 1171 los reyes Fernando II y Urraca dan a Ordonio Pelagii. Una heredad llamada ¿Seuncia, inter Lavianam et Casu¿ para fundar un ¿hospicium transeuntibus¿ por sus almas. Lo cual nos da prueba del tránsito de comerciantes y peregrinos que desde el Puerto de Tarna atraviesan el concejo en dirección al centro de la región. La organización social hasta este siglo XII estaba condicionada por los señoríos monásticos, siendo frecuentes las ventas y donaciones de las tierras, principalmente a iglesias y monasterios. Así, en 1185, el rey Fernando II hace donación a la Orden Militar de Santiago de la heredad y Castillo de Sobrescobio, para que sea inmune y libre de la voz regia, con todas sus pertenencias, derechos y términos, haciendo ésta donación a perpetuidad. Es la primera mención a Sobrescobio como territorio único y delimitado. La Orden de Santiago cedió vitaliciamente el usufructo del concejo a diversos señores, que cobraban el tributo y administraban justicia, hasta llegar a manos del Adelantado Mayor de las tierras de León y Asturias, D. Rodrigo Álvarez de las Asturias, quien deja como heredero al infante Don Enrique, hijo natural del rey Alfonso XI, al cual la Orden le encomienda estas tierras con su castillo. Se conserva en el Archivo Histórico Nacional un Privilegio Real de 1336, en el que se recoge la fianza y seguridad prestada por Alfonso XI a la Orden de Santiago, de que su hijo el infante D. Enrique devolverá a la orden, en el día de su muerte, los castillos de Gozón y Sobrescobio, que ésta le había dado por mandato del rey. Con la fundación de las viejas Polas, Alfonso XI otorga Carta Puebla al concejo de Sobrescobio, a petición de sus hijos Enrique y Fadrique.

 

      En ella se manda a los coyanes a que hagan puebla en el lugar de Oviñana, a fuero de Benavente, concediéndoles diversas exenciones y fijando en la cantidad de 1.200 maravedíes el tributo que debían de satisfacer anualmente a los señores del coto. Pese a la subordinación señorial, los coyanes de estas épocas mantenían cierta independencia, actuando el concejo o conceyu como órgano de decisión en temas como el aprovechamiento comunal de ríos, pastos, montes y bosques.

Hace casi 500 años . . . La lucha por la libertad de los antiguos coyanes

      Y llega el fundacional año de 1565, en el que la Orden de Santiago acuerda enajenar su jurisdicción sobre el territorio de Sobrescobio en pública subasta a celebrar en Oviedo. El año en que los coyanes compraron su libertad. La enajenación se hace "a la puja la llana". Preside el acto Juan Gutiérrez, clérigo y apoderado del Hospital de las Tiendas, que pertenecía a la Orden y el tiempo de postura era el marcado por la duración de una candela de sebo. El coto se vendía con sus jurisdicciones y vasallos, la libertad de un pueblo puesta a la puja. Pero los coyanes baten a rebato las campanas y se reúnen para luchar por su libertad. Con los dineros de todos acuden a la puja Pedro Díaz del Prado, de Rioseco, y Diego Fernández, de Ladines Y en dura puja con el rico hacendado ovetense Pedro Solís, al último resplandor de la candela, grita Diego Fernández ¡810.000 maravedíes!... No lo admite el Administrador, y surge airada la protesta de los coyanes, iniciándose un pleito de donde sale sentencia a favor de Sobrescobio como concejo realengo en 11 de marzo de 1567. Se otorga así definitiva carta de venta en Santa María de Las Tiendas a Juan Onís el viejo, alcalde mayor de Rioseco, y a Juan de Roces de Soto, por poder ante el escribano del concejo don Pedro Zapico, en la Pola de Oviñana, ante vecinos de todos los pueblos.

 

      De la dura pugna de los coyanes, son hoy testigos la placa que la rememora en el Ayuntamiento de Rioseco y la escultura erigida en su memoria a la ribera del embalse, donde hoy refulge el sol de la libertad. La carta de compraventa incluía el coto y concejo, los vasallos, la jurisdicción y la alcaldía mayor, la escribanía, las penas de cámara y la tercera parte de las penas de indicios, los roncos y amancebados, las camas de los clérigos que mueren siendo vecinos, 1.200 maravedíes de censo perpetuo por razón de vasallaje, las entradas y salidas, los fueros, los derechos, usos, costumbres y servidumbres.

Del mundo campesino al turismo rural del siglo XXI

      Ejemplo de igualdad, la Real Ejecutoria ordenaba que se repartiera entre todos los vecinos en parcelas las vegas y grandes heredades destinadas a prado, aunque luego pastaran sus ganados en comunidad a tanto por cabeza de ganado y media cabeza los terneros. En el interior de los pueblos cada vecino construiría un huerto, y en los montes y majadas formaría su casería, dejando el terreno sobrante para bienes comunales. Esta ordenación y uso del territorio campesino ha perdurado a través del tiempo, legándonos hoy un entorno rural, una naturaleza manejada sabiamente por los hombres, una tierra tal como era.

      En el siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia (1808-1812), los vecinos de Sobrescobio lucharon contra el invasor francés junto a las tropas del General Gómez, que entraron al concejo por el puerto de Tarna. Y también durante las Guerras Carlistas, Sobrescobio siguió fiel a su tradición liberal, leal a la causa constitucional y con asiento en la Junta General del Principado. En estos años llegaron aguas abajo del valle los nuevos tiempos que trajeron las explotaciones del carbón y la industria, las cuales alteraron para siempre el paisaje y el modo de vida de la cuenca del Nalón. Pero las tierras de Sobrescobio, aisladas y ensimismadas en su mundo rural, se mantuvieron al margen de la revolución de los cambios sociales, de la formación de la clase obrera y el desarrollo de una incipiente burguesía, pero también de las llamas y humos grises, de las aguas negras del carbón, de la destrucción del entorno del valle. La Iglesia de Santa María La Real de Oviñana fue quemada en la Revolución de 1934. Ya en la guerra civil, Sobrescobio cayó en manos de tropas nacionales en 1937, aunque todavía resonaron los ecos de los disparos de la guerrilla antifranquista varios años más por los montes coyanes.

 Desde antes de la guerra y durante todo el siglo XX, Sobrescobio, cuyas gentes siguieron en su mayoría 

dedicándose a la ganadería y al sector primario, experimentó una continua pérdida y envejecimiento de sus pobladores, pasando el padrón municipal de 1844 parroquianos a los escasos 900 vecinos de fines de siglo, buena parte de ellos trabajando fuera del concejo en las minas y otros oficios de Laviana, San Martín, Langreo....  La construcción del embalse de Rioseco en los años 70 supuso un cambio radical en la fisionomía de estas tierras y el inicio de una diversificación económica que, dos décadas más tarde, con la declaración del Parque Natural de Redes conoció la aparición del turismo rural, uno de los motores hoy de la economía del concejo. Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde los inicios del nuevo siglo, Sobrescobio encara hoy el futuro con nuevos proyectos de desarrollo sostenible, donde los modernos equipamientos culturales y deportivos se unen a iniciativas agroalimentarias y de valorización de los productos locales. Un siglo XXI al que los coyanes han legado su historia y su patrimonio vivo de tradiciones y etnografía, presente en iglesias, hórreos, molinos y lavaderos; un entorno de antes y de ahora en el que la prodigiosa naturaleza espera acogedora al visitante.